Comenzamos con la final de la UEFA Europa League donde el Atlético de Madrid se enfrentaba a los londinenses del Fulham. Aunque el Fulham no es uno de los grandes de Inglaterra, sí que tiene bastantes seguidores al ser uno de los equipos de la capital. Quiero destacar una envidiable costumbre de los aficionados ingleses: ellos son seguidores sólo de un equipo, normalmente el equipo de su lugar de nacimiento. Nada de tener dos equipos, el de tu ciudad y uno de los grandes. Asi que si has tenido la mala suerte de nacer en una ciudad donde tu equipo está en la 4ª división, sigues a rajatabla esa liga, ves sus partidos en el estadio y televisión (sí, televisan todas las categorías) y te emocionas si evitas el descenso a 5ª división. Después pueden simpatizar con otros equipos si juegan contra equipos extranjeros, pero nada de chigristas del Sporting y del Madrid o similares.
Como buen español, me fui a un bar a animar al equipo de la capital de mi patria. Por supuesto, un bar inglés lleno de hooligans del Fulham borrachos. El reducto español se resumía en el camarero y un servidor. Al ver nuestra animación latina, fruto de la cerveza inglesa, un rumano se unió a nuestra fiesta. Curioso, el rumano se unió a nosotros porque su ídolo de pequeño era Roman Kosecki, jugador del Atlético de Madrid en los años 90. Y sí, conocía y también se sorprendía de cómo Kucharski llegó a jugar en la liga española. Para quienes no lo sepáis, Cezary Kucharski fue un jugador que sufrimos en el Sporting de Gijón a finales de los 90, una época triste para el sportinguismo y lamentable si hablamos de fichajes. Volviendo al partido, fue emocionante ese gol de Forlán en la prórroga. Ver como esa multitud de hooligans gordos calvos abandonaban el bar mientras un camarero, un español y un rumano saltaban sobre una barra de bar… no tiene precio. Ahora lo pienso con frialdad… quizás no fue la mejor manera de celebrarlo si valorábamos nuestra integridad física. En fin, valoremos que aceptaron la derrota deportivamente así como nuestra efusiva ebriedad. Me habría gustado salir a celebrarlo pero claro, un miércoles no hay mucha fiesta y menos si tu equipo acaba de perder. Asi que tras cerrar el bar, un endemoniadamente picante kebab camino a mi casa fue mi homenaje.
A finales de mayo y en plena euforia pre-mundialista, Inglaterra se enfrentaba a Mexico en un partido de preparación en el emblemático estadio de Wembley. Y obviamente yo no iba a perder una oportunidad así para visitar uno de los templos mundiales del futbol. La experiencia fue impresionante, no hay palabras para describir la pasión con la que los ingleses sienten su país. En España serían llamados fachas, nacionalistas o de alguna otra manera similarmente despectiva, pero a mí me da envidia el amor que tienen por su bandera, su patria y su historia. Ojalá algún día dejemos nuestras estupideces autonomistas y aprendamos a apreciar (por voluntad propia, no por obligación) lo valioso de nuestra nación. Volviendo al partido, hubo varias anécdotas graciosas. Pusieron trenes especiales desde el centro de Londres hasta el estadio ya que Wembley queda a las afueras de Londres. En el tren coincidían los hooligans ingleses con una gran comunidad mexicana que se acercó al estadio a animar a su equipo. Yo iba indumentado con mi camiseta de Inglaterra, portando el numero 10 de Rooney en mi espalda. En el trayecto conversé con distintos grupos de ambas aficiones y fue simpático porque los ingleses me preguntaban que por qué un mexicano llevaba la camiseta de Inglaterra, mientras que los mexicanos me decían que para ser inglés hablaba muy bien el español. Se me ocurrieron muchas contestaciones pero me lo tomé con buen humor y seguimos la fiesta del futbol.
El estadio es majestuoso, símbolo de la elegancia y prepotencia inglesa. Dentro de él se quería conseguir el record Guinness de la bandera inglesa más grande del mundo, asi que a cada uno nos dieron una camiseta roja o blanca según tu asiento para hacerla. Y así fue, la verdad que quedó bonito. Para mostrar mejor el ambiente del estadio os dejo un video con algunos de los momentos que viví allí.
Se las prometían muy felices con el futbol los ingleses, pero a día de hoy ya sabemos que no lo fueron tanto. Viví aquí su participación como un inglés más; viendo los partidos en los pub con mi camiseta puesta, siguiendo las noticias por la radio a diario y comentando los post-partidos con los amigos. Algunos de vosotros (Fer, Santi, Poti y Jose) vinisteis por aquí esos días y visteis cómo se vive un partido. También sufrí su eliminación con el gol injustamente no concedido que habría sido el empate a dos. Curiosamente yo era el que más me quejaba en el bar y en los siguientes días. Me ha sorprendido que tanto la gente como la prensa no le ha dado muchas vueltas a ese gol, simplemente han aceptado la derrota. En España habríamos tenido para quejarnos hasta el siguiente mundial. Y no exagero, quién no ha oído en el último mes algo sobre el codazo a Luis Enrique o el robo de Corea?



