martes, 2 de febrero de 2010

English party

Antes de seguir escribiendo posts de presentación sobre mi vida cotidiana aquí, tengo que hacer una parada para comentar algunas novedades. La verdad que este fin de semana que ha pasado ha sido más activo de lo que me esperaba. Hay varias cosas que reseñar, pero en este post me centraré en el viernes.

El viernes llegué a la residencia por la tarde, con la intención de preparar lo que iba a ser un sábado de turismo por Londres. Ya sabéis, mirar de dónde sale el autobús, a qué hora es el de vuelta, qué cosas visitar… lo típico. Pero en el pasillo me encontré a Ian (el del West Ham) y a Ollie (el que está aprendiendo español) y me dijeron que si tenía algún plan para el finde. Obviamente aquella pregunta formal tenía, al igual que mi respuesta de que no tenía nada planeado para hacer, trampa,. Todo ello encubría una invitación para lo que sería mi primera juega inglesa.

Me dijeron que el plan era beber aquí en la residencia algo y que luego bajarían para el centro. Como en días anteriores les había comentado que en España bebemos el vino mezclado con coca-cola, algo que les llamó exageradamente la atención, pues fui al supermercado para que probaran esa gran novedad llamada calimocho. Aviso a navegantes, aquí beber calimocho no es barato ya que el vino más cutre cuesta alrededor de 3 libras.

Cuando me avisaron de que comenzaba la fiesta subimos al piso de arriba y la verdad que me impresionó bastante. Pensé que íbamos a ser 4-5 bebiendo ahí tranquilamente como les he visto hacer a los ingleses en los pubs, pero no, aquello era Sodoma y Gomorra. Arriba estaban nuestras vecinas vestidas con unas faldas de una longitud máxima de 10 cm, borrachas como perras y subidas bailando encima de la mesa. Al lado, como si no pasara nada, un par de chicos con una menopea considerable. En fin, que fue fácil integrarse.

El calimocho triunfó, a todo el mundo le gustó y mira que lo bebimos caliente. La gente se fue emborrachando (alguno vomitando, otros cayéndose, otros tirándose la bebida por encima …) y yo con ellos a la vez que me sociabilizaba bastante. La verdad que mis niños ingleses se portaron muy bien, no me dejaron solo en ningún momento y me fueron presentando a todo el mundo. En esa fiesta conocí a una chica bastante curiosa; el resto de la noche no hizo más que comentarme que le encantaban los hombres españoles porque éramos muy calientes. Yo, en mi afán de sociabilizarme, pues le seguía la corriente. Menuda chapa me dio la condenada, desde la fiesta hasta que bajamos al centro de Oxford en bus no me soltó. Era curioso porque me hablaba muy rápido por lo que no le entendía la mitad. Yo se lo decía pero a ella eso le debía parecer muy gracioso porque me daba muchos gestos de cariño. Menos mal que al llegar al primer bar Ean se dio cuenta de la que me estaba cayendo y vino en mi salvación.

Estuvimos en varios pubs que extrictamente cierran a las 12:00. Después quedan abierto las discotecas que aquí se llaman clubs. Es gracioso porque claro, a un inculto sobre el idioma de Shakespeare como yo le dicen que vamos de fiesta a un club, y pienso que vamos a un sitio en el cual hay señoritas de esas que me dan bastante asco. Pero no, después de los pubs están los clubs que abren hasta las 4:00.

La discoteca era muy interesante, destacaré varias cosas. Primero que aquí no se beben copas, solo paints y shots. Segundo debieron de perder el ritmo de baile en las Guerras de los Castores. Y tercero que aunque en la calle esté nevando y haga -6 grados, las niñas van semidesnudas. No seré yo quien ponga reparos a éste último punto.

Los niños ingleses se dedican a lo mismo que los españoles: emborracharse y pastelear en buscas de niñas. Mi inglés es bastante justo como para entablar una conversación con una nativa borracha teniendo un altavoz de discoteca pegado a la oreja asi que mi presencia fue testimonial en la segunda actividad. De todas maneras una de las posibles presas dijo que mi acento español era muy sexy, lo que provocó que mis niños ingleses el resto de la noche quisieran aprender español. Y lo intentaban, vaya que si lo intentaban. Aprendieron “arriba abajo al centro pa´dentro”, “Real Sporting de Gijón”, “puta Oviedo”, “cachonda”, y cosas semejantes. El resultado fue el clásico, a las 4 se comieron un bocadillo, se fueron para la cama borrachos y sin ninguna niña. Eso no cambia vayas a donde vayas …

En fin, una noche muy entretenida y novedosa que hizo que me acostara a las 4:30 bastante borracho cuando a las 8:00 me esperaba el odioso despertador. La resaca y el cansancio fueron mis compañeros en la excitante aventura del sábado. Pero esa será otra historia…

1 comentario:

  1. jajaja las cosas interesantes que destacaste, son las mismas que escribia yo en mi blog cuando viví allí jajajaja. lo de las niñas semidesnudas llama la atención, sí, desde luego yo moría de frio...
    clubbing es guaisssssss :)

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